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Elecciones

[OPINIÓN] Soñé que Virna y Caicedo ganaban elecciones

Elkin Carbonó López

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Durante esa noche sentí el corazón oprimido y enfrenté dificultades para respirar. Fue un tiempo aciago, lo que me llevó a pensar, que lo que realmente tuve, fue una pesadilla. 

Era lunes y todo era caótico. La gente corría despavorida de un lado a otro y gritaban como si trataran de entenderse cada uno hablando en lenguas distintas. 

A la primera persona conocida que vi fue al periodista Cipriano López que entraba raudo y pálido a un edificio pequeño para participar en un programa radial que minutos antes, había contado en fragmentos a un rozagante vendedor de frutas que posaba en la puerta del mismo edificio. 

El vendedor parecía un boticario. Los transeúntes lo llamaban, ‘el zar de las frutas’. Los mismos transeúntes miraban al periodista Cipriano y murmuraban: tendrá que irse a vivir a la luna. 

En un lugar boscoso, vi a Rosa Cotes bañada por ríos de aguas vivas, donde todo era paz. Lucía sencilla, magra y serena, como siempre. Hablaba con una señora de piel morena que tenía la cara infantil de un perro rabioso. Rosa, la consolaba y le explicaba el resultado de unas elecciones ya finalizadas. Y hablaban de su futuro. 

En otro lado, vi al ‘Mello’. Estaba sentado junto a ‘Avo’, su hermano gemelo. Ambos dejaban ver sus pupilas frente al mar de Bellavista y se les veía acompañados de varios amigos que cargaban las penas en el rostro y los ojos lánguidos. Eran ojos llenos de verdad. 

Estaban sentados en cómodas poltronas y debatían el resultado de unas elecciones que habían cerrado urnas hacía más de quince horas atrás; porque discutían sobre un fraude electoral que les había alejado del triunfo y que se había dado a cielo abierto en la región norte del Departamento y en una de las zonas del río Magdalena . 

También describían unos tarjetones salpicados de sangre, como si estuviesen embrujados. 

En medio de tanta adversidad junta, el ‘Mello’, lucía parco y tranquilo como si no hubiese perdido legalmente la oportunidad de gobernar otra vez al Magdalena. Su cara, distinta a la de los demás, mostraba a la de un hombre que veía la batalla aún no terminada, como quien espera algo repentino y justo.  

En un enrejado, que parecía una multitud de arbustos como zarzales, que emanaba humo fétido, vi sentados  como en un retrete a Virna y a Caicedo. 

Ambos y al mismo tiempo, expelían sin pujos, excrementos y orines y se miraban a los ojos que eran rojos y salpresos. Estaban tomados por la tristeza y por un calor agreste. El sitio era idéntico al que me describió mi profesora de religión cuando me enseñó cómo era la casa de Satanás. Conocían el resultado de las elecciones que inexplicablemente habían ganado y cerrado urnas quince horas atrás, pero no celebraban.  

Parecían ser los únicos seres del planeta que conocían lo que les esperaba a futuro. Ella, temblorosa, pálida, desmolada y con un español lleno de apócopes, le decía a él: recuerda que el diablo, maldice dando y Dios, bendice quitando. 

Y así vi a varios más en este sueño que me torturó hasta el cansancio. 

Recuerdo que vi a Palacio correr por todos lados intentando atender a golpes a varios periodistas que aparecían en una lista que él guardaba con pasión de boxeador debajo del brazo. La lista hecha con rigor parecía un inventario de críticos que un día decidieron opinar libremente a propósito de las elecciones. 

Llamó mi propia atención no haber visto en el sueño ni a Elisa ni a Aristides. Lo que sí recuerdo es que alguien me dijo que ellos estaban de viaje con Jaime y que volverían pronto.  A Humberto no lo vi ni nadie me habló de él. 

Desperté y recité como poeta de bachillerato mi acostumbrado Padre Nuestro, que me da paz y me prepara para la batalla. 

Mi abuela Natalia, de casi cien años, me dice que sueño con estas cosas porque me paso el día pensando en las elecciones del 27.

Escrito por:

Elkin Carbonó López

Elkin Carbonó López

Comunicador Social - Periodista Consultor en Marketing Político y Comunicación Estratégica Capellán Internacional con énfasis en DD HH Magíster en Derechos Humanos, Gestión de la Transición y Posconflicto Licenciado en Resolución de Conflictos

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